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¿Qué es un volante?

¿Qué es un volante?

Para muchas personas, ver un vehículo autónomo o ir en él supondrá su primer encuentro directo de la vida cotidiana con una máquina sofisticada que incorpora inteligencia artificial (IA). La experiencia suele ser memorable y, a menudo, la gente no se resiste a inmortalizarla con un selfie.

¿La revolución tranquila?

Las empresas tecnológicas y de la automoción han realizado importantes inversiones en la autonomía móvil, y las tecnologías que la posibilitan —mapas de base 3D detallados, sensores, acelerómetros, etc.— son cada vez más asequibles y sofisticadas.

Del mismo modo, y quizás esto sea lo más importante, durante los últimos años se han producido avances considerables en IA. Los diseñadores de vehículos autónomos han realizado aportaciones importantes a estos avances, y se han beneficiado enormemente de ellos. Como consecuencia, ahora pueden crear algoritmos potentes que, unidos a un procesamiento en la nube, permiten a un vehículo
aprender de sus experiencias y adaptarse a los cambios de su entorno.

O como explica el profesor Paul Newman, uno de los fundadores de Oxbotica"Si sacan nuestro vehículo sin conductor a la nieve por primera vez, el software de autonomía aprenderá y recordará cómo actuar en la nieve y, luego, conservará esa capacidad para la próxima vez que se encuentre con este fenómeno".

A medida que estas tecnologías maduren, se prevé que el mercado de los vehículos autónomos se desarrolle con rapidez:
BI Intelligence pronostica que para el 2020 habrá 10 millones de vehículos sin conductor en las carreteras.

Esto significa que cada vez habrá más gente que se encuentre e interactúe periódicamente con coches, autobuses, camiones autónomos, lo que a su vez fomentará una mayor confianza en la inteligencia de las máquinas. En paralelo, las aplicaciones de IA, muchas de las cuales tienen sus raíces en la autonomía móvil, seguirán creciendo y ampliándose, inspirándose en los atributos del aprendizaje humano, como el reconocimiento de patrones y el método de ensayo y error.

Si a esto le unimos un mayor nivel de confort y unas capacidades mejoradas, la gente debería ir aceptando de buen grado estas máquinas habilidosas cuando se les dé una oportunidad. Así, es probable que la creciente presencia de vehículos autónomos en nuestras carreteras sirva de antesala a lo que muchos observadores denominan la próxima "revolución robótica", y la agilice.

Ya no decimos "sí", sino "afirmativo"

Los robots llevan muchos años sustituyendo a los humanos en entornos peligrosos y en trabajos "manuales-rutinarios", como las cadenas de montaje o la atención a los pedidos en almacenes. Todos los datos apuntan a que esta tendencia se está intensificando. Foxconn, proveedor de Apple y de Samsung, por ejemplo, tiene previsto sustituir a un tercio de su plantilla por robots en 2020.

Cabe esperar que la IA también desempeñe un papel más importante en campos "cognitivo-rutinarios", como la contabilidad, la gestión de inventarios y la atención al cliente. Como estos requieren la capacidad de sentir, aprender, razonar y actuar, es probable que las empresas aprovechen los progresos en IA que están realizando los diseñadores de vehículos autónomos. Del mismo modo que las cápsulas de Oxbotica pueden asimilar "la idea de la presencia de nieve", las mejoras en la IA como los avances en el reconocimiento de voz y el procesamiento del lenguaje natural, permitirán a los robots dar asistencia a la clientela, por ejemplo, recordar las soluciones más eficaces ante distintos problemas.

Se espera una tendencia similar en profesiones "manuales-no rutinarias", como la provisión de atención sanitaria domiciliaria o el mantenimiento de equipos industriales. En estos ámbitos, la expansión del uso de objetos conectados e integrados en la ropa, los hogares, las fábricas, las viviendas, las ciudades, etc. El denominado Internet de las cosas será un elemento decisivo para su implantación. Por ejemplo, podría programarse un enfermero robótico para que administre una inyección a partir de los datos enviados por los sensores que lleve el paciente en la ropa o, incluso, implantados directamente en su cuerpo.

Existen distintas opiniones acerca de las implicaciones sociales de la próxima revolución robótica. Algunos analistas consideran que veremos un futuro más distópico, en el que solo un pequeño porcentaje de la población activa dispondrá de un empleo estable. Otros opinan, en cambio, que nuestra economía moderna es el resultado de sucesivas oleadas de bruscas innovaciones, y creen que los puestos de trabajo que desaparezcan debido a los robots serán compensados por nuevas oportunidades y nuevos tipos de empleo en sectores que todavía no imaginamos.

"Las noticias sobre mi fallecimiento se han exagerado mucho"

Los seguros del automóvil generan en torno a un 42 % de las primas de seguros globales, y más del 90 % de los accidentes son provocados por errores de conducción. Quitándoles el volante a los humanos, el número de accidentes debería caer en picado. Esto ha hecho que algunos observadores pronostiquen que los seguros de vehículos, tal y como los conocemos hoy en día, acabarán quedando obsoletos.

Y en su forma actual, es posible que así sea. Sin embargo, los coches sin conductor capaces de evitar casi todos los accidentes no están necesariamente libres de riesgos. Si estos vehículos comparten el mismo software, los mismos sistemas de control o las mismas redes de datos, por ejemplo, un error, defecto o hackeo podría provocar fallos generalizados en flotas enteras. Un pirata informático también podría provocar un accidente de proporciones descomunales, con decenas o incluso cientos de vehículos.

En otros ámbitos son probables escenarios similares: los robots y la autonomía móvil reducirán muchos riesgos operativos, aunque traerán consigo nuevas amenazas en el siglo XXI. Y el carácter sistémico de algunos de estos nuevos riesgos podría suponer un problema particularmente difícil para los aseguradores.

Las implicaciones de la revolución robótica para la gestión del riesgo y los seguros no pueden imaginarse actualmente más que de un modo amplio. Ahora nos vemos confrontados con una serie de preguntas e hipótesis: cuando un coche autónomo no tenga otra opción que chocar con algo, ¿contra qué lo hará? ¿Quién es el responsable cuando se entre sin autorización en una memoria de almacenamiento en la nube robótica, o cuando un error informático comprometa el rendimiento? ¿Cómo responderemos ante un malware inteligente que pueda llevar a cabo actividades delictivas, entre ellas, ataques financieros?

El sector de los seguros tiene la obligación de ayudar a resolver estas cuestiones espinosas, sin poner coto a las innovaciones tecnológicas. Ese es uno de los motivos que han llevado a XL Catlin a asociarse con Oxbotica, una empresa derivada del prestigioso Instituto de Robótica de Oxford, perteneciente a la Universidad de Oxford, para respaldar la adopción de la autonomía móvil y examinar sus potenciales repercusiones sobre las soluciones de seguros y de gestión del riesgo.

Parte de este trabajo implica que recopilemos datos obtenidos por vehículos durante ensayos prácticos para establecer modelos de los riesgos y los fallos, así como para comprender su aprendizaje
(aquí se proporcionan más detalles acerca del trabajo de Oxbotica y su colaboración con XL Catlin).

En 1958, Chrysler introdujo un "increíble y novedoso dispositivo que nos ayuda a mantener una velocidad constante y nos avisa cuando la velocidad es excesiva". Se le llamó "piloto automático", y fue el primer ejemplo de un sistema de control automatizado en un coche. El titular del artículo de la revista que hablaba de esta nueva función decía: "Nos guste o no, los robots están asumiendo poco a poco las tareas del conductor". Ahora, unos sesenta años más tarde, este relevo casi se ha completado.

Para muchas personas, ver un vehículo autónomo o ir en él supondrá su primer encuentro directo de la vida cotidiana con una máquina sofisticada que incorpora inteligencia artificial (IA). La experiencia suele ser memorable y, a menudo, la gente no se resiste a inmortalizarla con un selfie.

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