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La nueva Ruta de la Seda: los riesgos modernos que entraña una antigua ruta comercial

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El impacto que puede tener la revitalización de la Ruta de la Seda en Asia Central y las rutas comerciales marítimas en las regiones del continente que bordea ha sido objeto de muchísimas conjeturas. Sin embargo, no se ha debatido tanto acerca de las implicaciones para el sector privado, ni sobre los beneficios y riesgos que conlleva aprovechar las oportunidades de la OBOR.

Al igual que con cualquier iniciativa de comercio internacional, las empresas deben adoptar las precauciones habituales y tener en cuenta los riesgos políticos inherentes al comercio transfronterizo. Contemplándola desde la perspectiva de los seguros, la OBOR destaca por las enormes diferencias entre los países y los mercados que abarca la política exterior regional, así como por los factores geopolíticos de índole variable que hay en juego. Por tanto, evaluar todas las políticas de cada proyecto y de cada país será fundamental para que las empresas puedan entender los riesgos y su cobertura de seguro.

Todo apunta a que el interés que ha vuelto a mostrar China por las regiones que recorre la antigua Ruta de la Seda se traducirá en la construcción de infraestructuras públicas, como hospitales, carreteras, centrales eléctricas y escuelas. Uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos que se están debatiendo en el marco de la OBOR es la construcción de una vía férrea que comunique Asia y Europa a través de Asia Central. La reapertura de dicha ruta comercial acabaría por descongestionar el canal de Suez y propiciaría una conexión terrestre muchísimo más amplia entre los continentes.

Tampoco podemos pasar por alto el potencial efecto estabilizador que tendría el desarrollo económico regional como consecuencia de la OBOR. Por ejemplo, se espera que el aumento de las oportunidades de empleo provoque una disminución de la inestabilidad y la violencia que se asocian a las elevadas tasas de desempleo que presentan algunos de los países por los que pasa la nueva Ruta de la Seda. Dicho esto, para que una iniciativa internacional tenga éxito resulta vital conseguir el apoyo de las comunidades locales. Si no se da prioridad a los intereses de la comunidad, las empresas foráneas que transmitan la imagen de preocuparse exclusivamente por su propio beneficio podrían toparse con obstáculos considerables.

Al analizar los interesantes beneficios y oportunidades que pueden tener las empresas internacionales asociadas con la OBOR, especialmente en lo que respecta a los grandes proyectos de infraestructura, es importante sopesar los pros y los contras, evaluar los riesgos y realizar una planificación conveniente antes de involucrarse.

Entre los riesgos que cabe considerar figuran:

  • Riesgos regulatorios y marco jurídico: el desconocimiento del marco jurídico y normativo cuando se trabaja en el extranjero puede provocar retrasos costosos a las empresas que no estén preparadas.
  • Anulación de las licencias: muchas veces, las constructoras que trabajan en el extranjero tienen que solicitar un importante número de licencias antes de poder empezar las obras, como las de importación/exportación o medioambientales, lo que a menudo implica cuantiosos gastos. Además, existe el riesgo de revocación de las licencias. Hace poco se dio el caso de que el gobierno de un país anuló la licencia de un conocido operador de telecomunicaciones sin proporcionarle apenas explicaciones y casi de la noche a la mañana, dejándolo en una situación muy precaria. Este tipo de acciones obligan a las empresas a tener que repatriar equipos, bienes y materiales.
  • Violencia política: esto resulta de especial relevancia para la OBOR, debido al panorama político de algunos de los países que atraviesa la ruta terrestre. Algunas características que conocemos de la región son una gobernanza débil y la falta de bienestar social, que tienen el potencial de causar inestabilidad política, disturbios, terrorismo y conflictos. Todos estos factores pueden influir en cuestiones contractuales, aumentar el riesgo que corren los empleados extranjeros y nacionales, y dar lugar a pérdidas económicas.
  • Sostenibilidad medioambiental y social: cumplir las normas reconocidas internacionalmente es vital cuando se trabaja en proyectos de infraestructuras a gran escala. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (Asian Infrastructure Investment Bank o AIIB) y otras entidades financieras dedicadas a las infraestructuras se ajustan a esos principios, por lo que las empresas y los gobiernos también deben hacerlo para garantizar que se hayan tenido en cuenta todos los aspectos medioambientales y sociales antes de comenzar las obras. Es fundamental que las empresas cumplan con sus obligaciones antes de empezar a construir infraestructuras para no llegar a poner en peligro las vidas y el sustento de las poblaciones locales.

    Si una empresa extranjera presta atención al aspecto social de un proyecto, puede conseguir que la comunidad local confíe en ella. Y esto tiene el potencial de evitar riesgos políticos y situaciones en las que un gobierno pueda revocar una licencia al entender que no se han tenido en cuenta los intereses del país ni el bienestar de su población. No hay que subestimar la importancia de prestar atención a las cuestiones medioambientales y sociales, ya que son fundamentales para la buena ejecución global de un proyecto, sin olvidar la conservación a largo plazo del planeta.

  • Inconvertibilidad de las divisas: esto también puede suponer un riesgo en algunos países por los que pasa la OBOR. Sea cual sea el resultado del proyecto, una empresa estará expuesta al riesgo de sufrir pérdidas si la divisa en la que se le paga no puede convertirse debido a una volatilidad extrema o a sanciones.
  • Incumplimientos contractuales: aunque este riesgo parezca obvio, los incumplimientos contractuales siguen siendo un problema grave al trabajar en países con un sistema judicial potencialmente frágil y en los que no exista responsabilidad ante los tribunales.

A pesar de los riesgos e incertidumbres, se calcula que las inversiones proyectadas en la OBOR beneficiarán a 4400 millones de personas en 65 países (fuente: SCMP), con el potencial de reactivar verdaderamente una ruta comercial que ya tuvo una importancia enorme en el pasado.

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