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La globalización de la protección medioambiental

Una trayectoria similar

La evolución de la protección medioambiental ha seguido una trayectoria similar en todos los países y regiones del mundo. Todo comienza con una catástrofe medioambiental devastadora. Estos serían algunos ejemplos:

  • 1952, Londres, Inglaterra. La «gran nube tóxica de Londres» invade la ciudad durante cinco días. Posteriormente, se estimó que dicha nube tóxica había provocado unos cuatro mil fallecimientos más de lo que hubiese sido normal.
  • 1976, Love Canal. Investigadores estadounidenses descubrieron que una promoción de viviendas y una escuela construidas sobre un vertedero abandonado de residuos tóxicos estaban fuertemente contaminadas. Ochocientas familias fueron reubicadas.
  • 1976, Seveso, Italia. Una planta de pesticidas expulsa accidentalmente una nube de vapor de gas con un alto contenido de dioxinas. Cerca de cuarenta mil residentes resultan expuestos.

Todos estos casos han permitido atraer la atención de la ciudadanía y estimular la respuesta de los gobiernos.

Con el paso del tiempo, las leyes y las regulaciones se han ido reforzando y ampliando, al mismo tiempo que la aplicación de las normas en vigor es más rigurosa. Y las empresas, especialmente las de carácter industrial, prestan más atención a su creciente responsabilidad a la hora de proteger el medio ambiente y a las aumentadas responsabilidades que supondría para ellas un accidente medioambiental. Esto genera, a su vez, el desarrollo de iniciativas más robustas y sofisticadas para el control y la mitigación de los riesgos medioambientales.


Responsabilidades diferenciadas

Esta misma secuencia de acontecimientos se ha repetido en los países con mercados emergentes, aunque más tarde. Cuando la globalización cobró impulso en los años sesenta, muchos países con mercados emergentes, como Corea del Sur, China y Brasil, tendieron a dar prioridad al desarrollo económico por encima del control de la contaminación y la protección medioambiental.

Este enfoque a menudo se justificó diciendo que los principales países industrializados eran responsables, en una medida desproporcionada, de la contaminación del medio ambiente, por lo que debían asumir la responsabilidad principal de la protección medioambiental.

Por ejemplo, en el «Principio 7 de Río» de la Conferencia de Naciones Unidas de 1992 sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo se estableció la noción de «responsabilidades comunes, pero diferenciadas» en función de «las diferentes contribuciones a la degradación medioambiental mundial». Esto significaba, de hecho, que la protección medioambiental en los países menos desarrollados no tenía que ser tan rigurosa como en los países desarrollados.


Los tiempos están cambiando

Al tiempo que la globalización ha permitido mejorar en gran medida las condiciones de vida en muchos mercados emergentes, la degradación medioambiental se ha incrementado al mismo ritmo.

A raíz del rápido e significativo desarrollo industrial de China, por ejemplo, su aire, su suelo y su agua se han visto muy degradados, por lo que la salud de sus habitantes se ha visto también afectada negativamente. Como claro ejemplo de esto, un documental acerca del importante problema que supone la contaminación atmosférica en China alcanzó más de 100 millones de visitas en tan solo 48 horas. En una de sus escenas más desgarradoras, a una niña de seis años que vivía en la provincia de Shanxi, donde una de las principales actividades económica es la extracción de carbón, se le preguntó si alguna vez había visto las estrellas. ¿Su respuesta? «No».

Asimismo, a medida que Corea del Sur experimentaba una rápida industrialización, la calidad del aire en Seúl empeoraba significativamente. Aunque la calidad del aire ha mejorado durante los últimos años con la creación de cinturones verdes y la limitación de las emisiones, el polvo que llega desde los desiertos en expansión de China y Mongolia sigue siendo un problema constante.  

En cuanto a Brasil, el reciente desmoronamiento de una presa de residuos desató un tsunami de agua contaminada en dos estados y acabó con la vida de al menos diecisiete personas. Se estima que los costes de limpieza y recuperación se aproximen a los 8000 millones de dólares.

Está claro que el «Principio 7 de Río» ya no es defendible.


Leyes más estrictas, un mayor rigor en la aplicación de las normas, sanciones más severas

Al mismo tiempo que la globalización sigue ejerciendo presión sobre el medio ambiente en todo el mundo, también está surgiendo una convergencia en las leyes medioambientales, así como en los mecanismos de aplicación de estas leyes.

En España, por ejemplo, gracias a una nueva ley que entrará en vigor en el mes de octubre, los «denunciantes» tendrán derecho a recibir protección si ofrecen información sobre posibles delitos ambientales.

Del mismo modo, muchas naciones con mercados emergentes están sustituyendo sus legislaciones medioambientales existentes, basadas en las aspiraciones de crecimiento, por nuevas leyes y regulaciones que toman como modelo la legislación de referencia adoptada en los países desarrollados. A menudo, estas leyes incluyen disposiciones que se basan en el principio de que «quien contamina, paga». Muchos de estos países también están aumentando sus esfuerzos de control para evitar catástrofes medioambientales.

En Corea del Sur, por ejemplo, la Ley de Control de Sustancias Químicas entró en vigor en 2015. Esta ley obliga a que las personas que deban manipular sustancias químicas obtengan las certificaciones pertinentes y cumplan una serie de estándares. Y en China, los gobiernos de más de veinte provincias han puesto en marcha proyectos piloto en los que empresas de sectores con un alto riesgo específico están obligadas a suscribir seguros de responsabilidad medioambiental.


La conformidad como norma

Para muchas empresas multinacionales del sector industrial, un programa internacional de responsabilidad medioambiental correctamente estructurado con pólizas conformes con las normativas locales puede ayudar a proporcionar la seguridad de que las consecuencias de cualquier incidente medioambiental quedarán mitigadas.

Hace treinta años, XL Catlin fue una de las primeras aseguradoras en proporcionar coberturas de responsabilidad medioambiental en los Estados Unidos. Actualmente, XL Catlin ofrece coberturas de responsabilidad medioambiental independientes en todos los mercados importantes, incluidos los de Estados Unidos, Canadá, la UE, Australia, China, Brasil y Corea del Sur. Nuestros programas internacionales también incluyen provisiones basadas en diferencias en las condiciones y diferencias en los límites, cuando sea necesario, para asegurarnos de que la cobertura cumpla con los requisitos locales. XL Catlin ofrece actualmente programas internacionales de responsabilidad medioambiental con pólizas conformes con las normas locales en 50 países de todo el mundo.

No cabe duda de que: la protección medioambiental seguirá siendo una prioridad en todo el mundo; las leyes y normas seguirán endureciéndose; su aplicación será más estricta, y seguir la pista de los cambios en las normativas vigentes será un reto permanente. En XL Catlin, todos nuestros equipos mundiales se comunican periódicamente entre sí para mantenerse al día en lo que respecta a las tendencias locales y los nuevos desarrollos, así como para asegurarse de que nuestros clientes cuenten con pólizas de responsabilidad medioambiental conformes con las normativas locales en un entorno legal/regulatorio en constante cambio.

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