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Hay que escuchar a los peces

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Los peces son un indicador fundamental de los cambios que se producen en el océano. Observar sus pautas de comportamiento puede ayudarnos a entender mejor los riesgos que implica el cambio climático para las sociedades y para las empresas.

Estudiar los efectos del cambio climático sobre los océanos y sus habitantes puede ayudarnos a entender la transformación que están experimentando y también proporcionar información valiosa sobre todos los riesgos que acarrea el cambio climático. Por ese motivo, XL Catlin lleva ocho años apoyando la investigación científica oceánica centrada en indicadores fundamentales de cambio, como la pérdida del hielo marino en el Ártico, la salud de los arrecifes de coral y la exploración de los hábitats de las profundidades oceánicas.

Más del 93 % del exceso de calor provocado por el efecto invernadero y otras actividades humanas desde los años setenta ha sido absorbido por los océanos, según un informe de 2016 elaborado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza con el respaldo de XL Catlin.

Y los efectos se dejan sentir
Las especies marinas están migrando hasta cinco veces más rápido que las terrestres, normalmente hacia los polos, donde el agua es más fría. Como consecuencia del cambio en las condiciones climáticas, no solo se están desplazando hacia aguas más frías determinadas especies de peces, sino también, en muchos casos, sus fuentes de alimentación, como el plancton. Esto significa que los ecosistemas oceánicos están experimentando una rápida transformación.

Que los peces abandonen las aguas ecuatoriales supondrá una amenaza para las economías de muchos países en desarrollo que tienen una gran dependencia de la pesca para el comercio y la alimentación. La acuicultura puede volverse insostenible en muchas zonas, y la migración de poblaciones ya sobreexplotadas puede crear problemas de seguridad alimentaria para las economías en desarrollo.

Los aseguradores y los reaseguradores también están obligados a escuchar a los peces.

Las pérdidas empiezan a tener un efecto negativo
En 2016 se produjo en Chile —el segundo mayor productor del mundo de salmón— una masiva floración de algas que provocó la muerte de millones de peces, con las consiguientes pérdidas tanto económicas como aseguradas. Las floraciones de algas se deben a un incremento de los nutrientes, que favorecen su crecimiento, y pueden producir una decoloración de las aguas y la emisión de toxinas, lo que a su vez causa la muerte de peces y otras formas de vida marinas.

La floración de algas de Chile se tradujo en unas pérdidas de unos 600 millones de dólares para la economía local y la muerte de aproximadamente un 15 % de la producción anual de salmón del país.

Se calcula que las pérdidas aseguradas ascendieron a entre 100 y 110 millones de dólares, las más grandes de la historia en el mercado de los seguros de la acuicultura, y unas seis veces más altas que cualquiera de las que se produjeron anteriormente.

Dichas pérdidas se vieron exacerbadas por la elevada concentración de piscifactorías en una sola zona.

Además de la reducción de las poblaciones de peces, las pérdidas se dejaron sentir en las industrias asociadas, como la del procesamiento.

Esto ha hecho que algunos piscicultores contemplen la posibilidad de desplazar sus producciones más al sur, donde la temperatura del agua es más fría y la densidad de piscifactorías menor.

No obstante, este planteamiento no está exento de dificultades. Aunque la producción de pescado pueda mejorar, normalmente la infraestructura y la logística están menos desarrolladas, y los piscicultores deben sopesar los costes y los beneficios que implica el traslado de la actividad.

Las floraciones de algas no pueden atribuirse a una única causa, pero se reconoce que los cambios medioambientales, como el aumento de las temperaturas, figuran entre los factores que provocan el crecimiento de las algas, y se cree que su frecuencia y gravedad se han incrementado debido a la actividad humana.

El riesgo está evolucionando
Los efectos del cambio climático sobre los océanos y las consiguientes pérdidas para las economías locales y los piscicultores también nos proporcionan importantes indicaciones acerca de la naturaleza cambiante de este riesgo.

En los últimos años, la volatilidad climática ha provocado pérdidas económicas y aseguradas, como las que se produjeron en Canadá en 2015 a raíz de un fenómeno de enfriamiento extremo causado por un vórtice polar. Miles de peces murieron, desafortunadamente, después de que las temperaturas del agua se redujesen hasta un nivel que les congeló la sangre. Y observar los efectos de otros fenómenos meteorológicos también nos puede proporcionar información acerca del nuevo panorama de riesgos.

El fenómeno de El Niño, por ejemplo, puede tener graves consecuencias para la vida marina y el sector de la acuicultura.

Si bien El Niño es un fenómeno natural que trastorna las condiciones meteorológicas normales, todos los científicos están convencidos de que el cambio climático ha aumentado la intensidad de sus eventos en los últimos años.

El Niño afecta especialmente a los países ribereños del océano Pacífico, con una fuerte dependencia de la acuicultura y la agricultura.

Las medidas de gestión del riesgo
El sector de los seguros tiene un papel importante que desempeñar a la hora de ayudar a las economías locales a reforzar su resistencia frente a las amenazas que plantea el cambio climático.

Además de la adquisición de cobertura de seguros, los piscicultores pueden adoptar otras medidas de gestión del riesgo para mitigar en parte las amenazas de los fenómenos meteorológicos.

Las tecnologías de contención y aislamiento de la acuicultura, como las piscifactorías cerradas flotantes, los sistemas de oxígeno de emergencia, las cortinas de burbujas y los mecanismos de recirculación de agua terrestres, están pensados para reducir la interacción entre el pescado de piscifactoría y el entorno marino circundante.

Las buenas prácticas acuícolas —una gestión cuidadosa de las condiciones en las que se mantienen los peces— no solo promueven el bienestar animal, sino que también hacen que las piscifactorías sean un riesgo más atractivo para los aseguradores.

Y medidas como evitar la sobrepoblación pueden contribuir a reducir el riesgo de enfermedades causadas por una disminución del suministro de oxígeno o una deficiente eliminación de los residuos, que podrían provocar toxinas dañinas para la salud de los peces.

Cuidar de los peces y escuchar lo que nos dicen sus movimientos y sus hábitos podría albergar varias claves para combatir los riesgos que entraña el cambio climático para todos nosotros. Nuestro compromiso con la investigación científica oceánica tiene por objetivo comprender mejor este ecosistema vital y las lecciones que podemos aprender acerca de los riesgos para el futuro de nuestro planeta.

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