Fast Fast Forward

¿Colecciona objetos u obras de arte? La prueba está en la procedencia

Mosaic 500

By

La colección de joyas, ropa, obras de arte decorativa y recuerdos cinematográficos de Elizabeth Taylor se sacó a subasta en 2011, poco después del fallecimiento de la actriz. Se vendieron todos los lotes y su caudal hereditario ingresó una cantidad bruta de 103 millones GBP, muy superior a las previsiones. Unos meses más tarde, su colección de arte, que incluía obras de Van Gogh, Degas y Pissarro, se vendió por 13,8 millones GBP, más del doble del valor en el que estaba tasada.


Compradores debidamente informados

¿Cómo se establece el valor de los objetos o las obras de arte?
«El precio que un comprador paga a un vendedor por una transacción libre y sin obstáculos cuando ambos están debidamente informados.» Esa es la definición clásica y también la perspectiva que suelen adoptar las aseguradoras al tasar el arte y las monedas.

Existen muchos factores que pueden influir en la cantidad que está dispuesto a pagar un comprador, tanto si el objeto se adquiere en una subasta o en una galería como si se compra directamente al artista.

En el caso de los objetos que entran en el ámbito de las bellas artes y las artes decorativas, la reputación del artista y el historial de ventas recientes influyen enormemente sobre las tasaciones. Respecto a las joyas y otros objetos, el valor se basa en los materiales físicos: por ejemplo, el peso de los metales preciosos o el tamaño y la calidad de las gemas. La marca también puede influir y dos anillos de diamantes idénticos podrían tener valores muy distintos en función del prestigio de las marcas que los respalden. Y en el caso de todas las piezas de coleccionismo, la importancia histórica o cultural puede repercutir positivamente sobre el atractivo de un objeto.

La importancia de la procedencia

La procedencia de un objeto también puede influir, en ocasiones de manera notable, en la cantidad que está dispuesto a pagar por él un comprador.

La procedencia es un registro de la propiedad, la custodia y la ubicación anteriores. Aunque este concepto también es pertinente en otros ámbitos, como la arqueología, los documentos relativos a la procedencia de objetos y obras de arte sirven para confirmar su autenticidad y declarar que no han sido robados ni sufrido modificaciones. Estos informes también ayudan a establecer las pruebas contextuales y circunstanciales que respaldan la importancia de un objeto dentro de la historia, sobre todo cuando la documentación abarca su historial de propiedad y su ubicación. Los objetos y las obras de arte cuya procedencia resulta atractiva suelen obtener una tasación más elevada que otros objetos similares. A su vez, los compradores no estarán dispuestos a pagar más por un objeto de origen dudoso.

La documentación puede ir desde un simple «certificado de autenticidad» pegado en el dorso de un cuadro, hasta artículos académicos con referencias históricas detalladas y los resultados de investigaciones científicas.

La procedencia también tiene dos dimensiones: la naturaleza y la calidad, que pueden marcar la diferencia en la tasación y los resultados de venta.

El valor de los objetos que tengan un trasfondo inusual o que hayan sido propiedad de famosos muchas veces será más elevado. También se valorarán más aquellas obras que formasen parte de exposiciones de museos importantes y sus correspondientes catálogos, ya que eso refuerza su legitimidad y su importancia en la obra de un artista.

Por el contrario, cuando la procedencia de un objeto no esté suficientemente documentada o sea poco clara —con vacíos importantes en el historial de propiedad o dudas acerca de la autoría— su valor normalmente disminuirá.

Las numerosas fotografías de Elizabeth Taylor luciendo distintas joyas demuestran claramente que sí fue su propietaria y, al parecer, su caché contribuyó a que los compradores interesados estuviesen dispuestos a pagar más por ellas.

Al mismo tiempo, el comprador de una de sus piezas más famosas canceló posteriormente su venta después de que no pudiese confirmarse que también había pertenecido a un emperador mogol. En este caso, el hecho de que Elizabeth Taylor hubiese sido una de sus propietarias anteriores reforzó su atractivo, pero las dudas en torno a la titularidad previa redujeron su valor.

Cada imagen cuenta una historia, como dice la canción de Rod Stewart

Dado el efecto que puede tener la procedencia sobre la tasación de un objeto, no es de extrañar que a veces algunos comerciantes sin escrúpulos hagan lo imposible por establecer unos orígenes en apariencia impresionantes, sobre todo en el caso de falsificaciones atribuidas a artistas de renombre.

Entre 1994 y 2008, la Knoedler Gallery de Nueva York —por aquel entonces la galería más antigua y respetada de la ciudad— vendió unos cuarenta cuadros atribuidos a destacados artistas de la posguerra, como Mark Rothko, Jackson Pollock y Willem de Kooning. Supuestamente pertenecían a la colección de un misterioso coleccionista suizo conocido simplemente como «Mr. X». Entre los compradores figuraban varias celebridades de Wall Street y la presidencia de Sotheby's.

 

"

“Cuando un vendedor se muestra reacio a enseñar de antemano la documentación acreditativa de la procedencia, eso suele significar que existe algún elemento sospechoso acerca de la obra.”

 

En realidad, su autor era un artista chino desconocido que trabajaba en un garaje de Queens. El fraude se descubrió cuando el comprador de un gran cuadro atribuido a Rothko empezó a sospechar de la procedencia de la documentación que le había facilitado la galería. Posteriormente se supo que ninguno de los expertos en arte que avalaban la autenticidad de la obra eran reales —entre ellos el hijo del artista, Christopher— había autorizado a la galería a usar sus nombres. De hecho, Christopher Rothko testificó ante un tribunal que él «nunca» autentifica los cuadros de su padre.

Alan Bamberger, un consultor de arte y tasador de San Francisco y autor del libro The Art of Buying Art (El arte de comprar arte), afirma que «nunca se debe pujar por una obra de arte ni comprarla sin consultar antes su procedencia». También hace hincapié en que toda la información que se facilite debe ser confirmada y comprobada. Es necesario investigar las lagunas que presente el registro y corroborar las declaraciones de los peritos. Tal y como dice Bamberger, «la procedencia son los hechos, no las suposiciones».

Bamberger también advierte a los compradores que deben ser especialmente precavidos en las subastas por Internet en las que el vendedor únicamente muestre la procedencia al mejor postor después del acto. «Si no pueden verla [la procedencia], no pujen ni compren. Punto». Según su experiencia, cuando un vendedor se muestra reacio a enseñar de antemano la documentación acreditativa de la procedencia, eso suele significar que existe algún elemento sospechoso acerca de la obra.

Mitigar los riesgos

Comprar y poseer objetos u obras de arte puede resultar extraordinariamente gratificante. Estar ante un objeto que rezuma importancia puede provocar una intensa reacción emocional. Y esa sensación puede crecer e ir a más cuando el objeto pasa a formar parte de nuestro entorno cotidiano.

Implica un entusiasmo no exento de riesgos.

Además de la importancia de confirmar su procedencia, los objetos y las obras de arte requieren protección frente a robos o daños, también cuando se transportan. Es fundamental dotarlos de la protección adecuada.

La procedencia y la fama

En las últimas semanas hemos podido observar varios ejemplos de cómo aquellos objetos con una procedencia atractiva pueden aumentar su valor.

En primer lugar, se subastó la colección de 87 bicicletas de Robin Williams. El actor, apasionado del ciclismo, había reunido una variedad impresionante de marcas y modelos. Los ingresos de la subasta triplicaron las estimaciones previas a la venta. Una de las bicicletas de carreras, fabricada por encargo por el reputado fabricante de cuadros de bicicleta italiano Dario Pegoretti, fue objeto de la mayoría de las pujas y se vendió por 22.000 USD.

Pocas semanas después, también salieron a subasta más de 400 piezas de la colección de objetos y obras de arte de David Bowie. De nuevo, los precios superaron con creces las estimaciones. De hecho, más de la mitad de los 59 artistas de dichas obras fueron récord de ventas. La joya de la colección era un cuadro de Jean-Michel Basquiat que Bowie adquirió en 1995 por 78.500 GBP. Las estimaciones previas a la subasta fijaban su valor en 3,3 millones USD. Al final, alcanzó un precio de 8,8 millones USD.

Finalmente, el icónico vestido que Marilyn Monroe vistió cuando felicitó al presidente John F. Kennedy por su cumpleaños se vendió recientemente por 4,8 millones USD, un récord mundial para una prenda de ropa. Monroe llevó este vestido en un evento celebrado durante el 45 cumpleaños del presidente estadounidense, en el que le cantó el famoso «Happy Birthday, Mr. President». Ese vestido de color maquillaje, hecho a medida, era tan ceñido que tuvieron que cosérselo con él puesto.

Bibliografía: Art Provenance: What It Is and How to Verify It (sin fecha). Fuente: www.artbusiness.com/provwarn.html

Copyright 1996-2017  XL Group Ltd All Rights Reserved

XL usa dos tipos de cookies

  1. para permitir el funcionamiento de esta página y para mantener las preferencias que usted establezca; y
  2. para que los datos analíticos contribuyan a que la página sea más relevante y fácil de usar.

Estas cookies no recogen ningún tipo de información personal. Por favor, para más información sobre el uso de cookies Haga clic aquí. Para cumplir las leyes de privacidad de la UE, debe aceptar nuestro uso de cookies.

Al utilizar esta página, usted acepta que podamos colocar estos tipos de cookies en su dispositivo. Si decide cambiar su configuración de cookies, este mensaje aparecerá de nuevo la próxima vez que visite la página web.