Fast Fast Forward

El fraude alimentario nos pasa factura

Asegurar la cadena de suministro de alimentos

Es hora de deshacerse de los estafadores de la cadena de suministro de alimentos.

Introducción por  Joan Lanzagorta
Client & Distribution Leader para México en XL Group

Muchas empresas de alimentos en Latinoamérica no sólo venden productos en el país, sino exportan un volumen importante a otros países del mundo y en muchos casos son proveedores dentro de la cadena de suministro de alimentos. Eso los expone a diversos riesgos regulatorios y de imagen a escala global, que de no ser manejados de manera adecuada, podría sacarlos completamente de su negocio.


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No podemos vivir sin comida, pero si la comida está envenenada puede matarnos. Aún así, muchas veces volvemos a casa del supermercado con bolsas llenas de ofertas demasiado buenas para ser verdad. El escándalo de la carne de caballo de 2013 no representaba una amenaza para la salud, pero sí generó un foco rojo sobre el fraude en nuestra cadena alimentaria. Interpol dice que los niveles de imitación y de adulteración de los alimentos básicos nos sorprenderían, y para mal.

Según la publicación norteamericana Olive Oil Times de 2013, el consumo mundial de aceite de oliva fue de 3,100 toneladas métricas. Pero ¿qué proporción es auténtica?

¿Aceite de oliva italiano extra virgen premium? Todo depende de su definición de "premium", o de "italiano", o de "oliva". Un estudio de la aceites de oliva "extra virgen" mostró que el 69% no cumplía con las normas del Consejo Oleícola Internacional (COI). Y que parte ni siquiera era aceite de oliva. En el 2008, la "Operación Golden Oil" en Italia expuso a 205 productores culpables de vender aceites de baja calidad procedentes de toda Europa como “aceite de oliva italiano extra virgen premium ". Incluso estafaron a la UE, solicitando subsidios por una cantidad de 9 millones de dólares.

En España en 1981, 700 personas murieron y otras 25,000 contrajeron una enfermedad crónica como resultado de la ingestión de aceite industrial etiquetado como aceite de oliva.

Es el producto alimenticio más falsificado, adulterado y mal etiquetado en la Unión Europea desde la época romana. The New Yorker ha pedido una contraofensiva por parte de los conocedores para que compren exclusivamente en tiendas de aceite de oliva especializadas. Si nuestros paladares no pueden distinguir entre aceite industrial y aceite de oliva, es lógico pensar que la mayoría de nosotros no va a tomarse la molestia de ir a tiendas artesanales para oler y sorber muestras de aceite. Sólo queremos saber lo que estamos comiendo y bebiendo, y evitar enfermarnos, si no es mucho pedir.

Pero dejemos de meternos con el aceite de oliva. En febrero de este año, los inspectores de Interpol llevaron a cabo una operación encubierta en 33 países. Entre otros producto falsos, adulterados o ilegales, confiscaron vodka por valor de 1,7 millones de dólares, 20 toneladas de especias y condimentos, 186 toneladas de cereales, 45 toneladas de productos lácteos, 42 litros de miel y 4.5 toneladas de caracoles.

Entre 2007 y 2008, en China se añadió melamina a la leche en polvo infantil para falsificar los resultados de pruebas de proteínas, causando seis muertes y 50,000 hospitalizaciones. Fue peor que en 2004, cuando la falta de una proteína en 45 tipos de fórmulas para lactantes procedentes de 141 fábricas distintas provocó la muerte de al menos 13 bebés por desnutrición, además de cientos de hospitalizaciones.

Hasta la década pasada, el fraude parecía algo poco frecuente, por lo que el Comité de la UE de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria (ENVI) y la Agencia de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) se había centrado en mantener la contaminación accidental (como por virus y bacterias) lejos de nuestras cocinas. Pero el escándalo de la carne de caballo de 2013 expuso una cadena de suministro alimentaria global sinuosa y llena de enredos. Ya ha llegado la hora de solucionar el problema.

¿Cómo se han convertido los delitos alimentarios en algo tan generalizado?

La crisis económica de 2008 ejerció una presión sin precedentes sobre la cadena alimentaria, se notó desde las carteras de los consumidores a los productores y a los supermercados. Los productores alimentarios tenían que ofrecer los mismos productos apenas por encima de su costo de producción, o bien cerrar sus empresas.

Los cambios climáticos también han afectado radicalmente la producción de cultivos y el suministro de productos básicos en muchas regiones del mundo.

Las cadenas de suministro de alimentos largas y complejas están plagadas de vínculos oscuros, de intermediarios sin nombre en países con una regulación inexistente. La BBC informó que un plato cocinado podía contener ingredientes procedentes de 20 países distintos, y que cada uno de ellos, a su vez, pasa por varios países. La investigación del escándalo de la carne de caballo reveló que las fuentes más comunes de etiquetas falsas, de certificados falsificados, y de ingredientes de sustitución eran distribuidores y comerciantes que no estaban registrados.

Mientras tanto, los reguladores se ven maniatados por las medidas de austeridad. Para crimen organizado, el fraude alimentario es irresistible. Consiguen hacer negocios a costa de la reputación de la marca y de los consumidores ingenuos, empleando métodos de dilución mejorados para generar márgenes de beneficio con productos alimentarios fraudulentos. Los inspectores gubernamentales no son detectives, por lo que los autores de estos delitos no suelen ser descubiertos. Incluso si son capturados, los castigos suelen ser la mitad de las de delitos farmacéuticos - aunque en China sí ejecutaron a dos o tres culpables del caso de la melamina.

Tal cantidad de delitos es una prueba para Interpol de que están involucradas bandas sofisticadas, conectando el fraude alimentario y otras falsificaciones con negocios ilícitos. La amenaza directa a los consumidores de alimentos representa una amenaza indirecta para la población mundial a través del tráfico de personas, de armas y de drogas. Por eso, la ONU advierte que todo el que compra un bolso de contrabando, por muy inofensivo que parezca, está en realidad financiando un crimen siniestro.

La culpa ha recaído en la industria alimentaria por un abastecimiento de muy bajo costo y una falta de vigilancia, pero tanto el comité de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria (ENVI) como el informe Elliott Review, encargado por el CIEH (Instituto Colegiado de Salud Ambiental) de Reino Unido, quieren que los compradores miren los productos detenidamente y se pregunten: ¿Cómo puede costar tan poco un producto de alta calidad? ¿De dónde viene? ¿Cómo llegó hasta aquí? La actitud de un comprador realista es esencial para alejar el peligro de la cadena de suministro de alimentos.

También es hora de que la industria y el gobierno adopten una nueva mentalidad: si quieren detener a los delincuentes, tienen que pensar como ellos. ¿Dónde va a ser la próxima escasez de cultivos? Hay que identificar los puntos débiles del mercado para prevenir el fraude.

La ciencia también puede ayudar. Los test de ADN ayudaron a seguir el rastro de la carne de caballo en 23 países y en algunos casos, hasta Hong Kong.

El buen científico

¿Podría ayudar el ADN a los productores de aceite de oliva honrados a alejar a los estafadores?

El Dr. Robert Grass y su equipo del Instituto Federal Suizo de Tecnología en Zurich (ETHZ) querían crear una etiqueta ADN que estuviera integrada en el producto, en vez de ir pegada a él.  Tanto la temperatura como la luz y los productos químicos pueden dañar el ADN, por lo que el Dr. Grass inventó un recubrimiento de sílice alimentario para fosilizar el ADN, dándole así unos dos años de vida útil. El Dr. Grass añadió otra capa de seguridad al crear combinaciones de ADN de frutas y verduras únicas y comestibles: los códigos están en una caja fuerte en Suiza.

Aunque son comestibles y seguras, los consumidores no quieren encontrarse con perlitas de ADN, por lo que los fósiles son de tamaño nanométrico, invisibles para el ojo humano, y demasiado pequeños para que uno pueda sentirlos en la boca. Se les denomina "Genuine ID", y esta empresa universitaria puede producir más que suficientes para proteger las 3,000 toneladas métricas de aceite de oliva producidas cada año en todo el mundo.

Un productor de aceite de oliva echa unas nanoperlas a su aceite de oliva, y envía una muestra de cada lote a Genuine ID, donde se archiva. Si se sospecha una falsificación en cualquier etapa de la cadena de suministro, se envían muestras por correo y se comparan y autentifican las pruebas de ADN con el 100% de precisión para determinar si la muestra sospechosa es auténtica o falsa.

Es sorprendentemente barato. Un productor de aceite de oliva puede pagar unos 4,000 a 6,000 dólares por el equipo, la instalación, el transporte, el almacenaje y las pruebas del primer año.

Junto con multas para los estafadores, las nanoperlas podrían acabar con el fraude del aceite de oliva.

Rastrear la cadena de suministro de alimentos en situaciones de crisis es muy caro. La FDA pronto pedirá una prueba final en la etapa de importación para proteger a los consumidores. Si se detecta alguna adulteración, los productos no se podrán vender. Los importadores deberán averiguar quiénes son los proveedores o distribuidores culpables, y dejar de hacer negocios con ellos. El proceso es caro y no ayuda exactamente a los productores, ya limitados por los bajos márgenes operativos. Es imposible desde un punto de vista económico visitar todos los países e instalaciones de los proveedores. La comida también tiene una vida útil corta, y no da tiempo a realizar pruebas en cada puesto de control entre Hong Kong y Nueva York.

La FDA también está poniendo los cimientos de un nuevo organismo de inspección que puede requisar los registros de una empresa: producción, manejo de cadena de suministro, distribución, pruebas y reclamaciones de los consumidores si existe una sospecha razonable de que los alimentos son peligrosos. Mientras tanto, el Comité de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria (ENVI) y Elliott Review quieren una línea directa de denuncias, para que puedan denunciarse anomalías y negligencias de forma anónima.

La FDA ejerce aún más presión sobre este tema con el programa de verificación del proveedor extranjero (FSVP en inglés) que es ya una realidad inminente. Se les pedirá a los importadores de alimentos que desarrollen planes escritos para eliminar el riesgo de la cadena de suministro; que se aseguren que los proveedores extranjeros cumplen con la Ley Federal de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos de EEUU (FD&C en inglés) y los responsabilicen del seguimiento de esos planes. En EE.UU., los productores alimentarios van a pagar un alto precio si no consiguen eliminar el fraude de la cadena de suministro de alimentos. ¿Cómo va a implementarse? Todavía no queda claro.

Lo que sí está claro es que los puntos de control actuales de la cadena global son poco fiables, ya que los comerciantes falsifican certificados, y la propia definición de fraude alimentario no es la misma en todas las jurisdicciones. ENVI propone una definición estándar del fraude alimentario que incluye tres factores: incumplimiento de las normas, intencionalidad y beneficios financieros. Quiere apoyar su definición con un programa de certificación digital en toda la UE; un sistema de intercambio rápido de información digital entre la CE y los estados miembros; una mayor aplicación de la ley y la colaboración de los estados miembros con Europol.

Tanto Europa como EE.UU. están tomando medidas estrictas. Frente al número creciente de víctimas, Elliott Review está haciendo presión para instaurar investigaciones preventivas y una "tolerancia cero", y ENVI recomienda multas, incluso por transgresiones menores. Y según ENVI, habría que quitarle la licencia de negocios a los reincidentes, si es que la tienen.

No hay lugar para esconderse

Las empresas asumirán la culpa de los proveedores y distribuidores oscuros en el futuro, salgan o no perjudicados los consumidores. Las compañías deben aprovechar todas las herramientas disponibles para hacer que la cadena de suministro de alimentos sea más segura, como software para agregar y analizar los datos de la cadena de suministro y descubrir qué proveedores tienen un alto riesgo.

Un seguro puede ayudar a los clientes a tomar precauciones adicionales. Ofrecemos a nuestros clientes la posibilidad de dedicar el 5% de las primas a los servicios de análisis de riesgos y de respuesta a una crisis. Están organizados en torno a cuatro principios: la predicción, prevención, preparación y protección. XL Response, nuestra red de especialistas en seguridad alimentaria ofrece análisis de laboratorio y asesoramiento de seguridad alimentaria; consejos sobre falsificación y seguridad; asesoramiento regulatorio, legal y de relaciones públicas. Además, proponen asesoramiento sobre la gestión de la cadena de suministro a través de sistemas de prevención basados en el riesgo. En caso de que los mejores esfuerzos no sean suficientes para evitar el fraude, XL Response ayudará a recuperar los productos sin demora para proteger a los consumidores y aportará una respuesta pública adecuada para restaurar la confianza en la marca.

El fraude alimentario es algo endémico. Junto a los sospechosos habituales, los sindicatos de delincuencia organizada han entrado en el juego y han subido las apuestas para todos. Vamos a necesitar un progreso importante por parte de la industria, el gobierno, la ciencia, los seguros y los consumidores reales para eliminar la amenaza pública, y reorientar los beneficios hacia allá donde son útiles: hacia los productores y proveedores alimentarios honrados.

Mark Hutton   es Director de Suscripción de Retirada de Productos para el Reino Unido en XL Group, y está especializado en soluciones de contaminación para empresas de alimentación y bebidas.

Para saber más, por favor, contacte con nosotros.

 

 

 

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